La fotografía

Vocación, profesión o estilo de vida?

 

Es una pregunta que en los últimos años me hice varias veces.  Tiene que ver con sueños que quería cumplir, con mi impronta callejera de chica de barrio, mi costumbre de escapar cuando algo no me gustaba, y mi afición al deporte que por suerte me alejó de las malas juntas.

De mis hermanos –soy la tercera de 4-, yo era la más bohemia: A mis 20 años,  me bautizaron “Tío Carlos” en alusión a un tío de mi madre que recibía donaciones,  porque a todos les usaba la ropa: me iban todos los talles.  Desde mi hermano de 1,80 m., hasta la menor – más rellenita que yo- pasando por Vero, la más flaca- con muchísima ropa para usarle – .  Subía a escondidas a la planta alta, me vestía con lo no prestado de ellos y salía como tiro, escapando con los gritos y corridas de mis hermanos intentando rescatar las prendas de vestir que había usurpado. Nunca me atraparon.

Desde adolescente, siempre me gustó el arte y también quería viajar.  Solía soñar despierta y antes de irme a dormir me imaginaba el mundo como yo quería que fuese para mí. Mis padres tuvieron una separación  muy traumática y no guardo recuerdos felices de esa etapa. Hoy veo con claridad de qué manera me fui formando la personalidad: una mezcla de creatividad  innata, rebeldía a todo lo que me parecía injusto, y coraje -muy necesario para cuando una no tiene recursos.  Y creo que la vida tiene mucho de eso: Con recursos podemos proyectar y sin recursos, hay que apelar al coraje.

Y fue en un concierto de Charly García en  “Prix D*Amí”, a mis 22 años ,en el barrio de Belgrano, adonde fui con mi amiga Karina y ví una camarógrafa cubriendo el evento. Me dije: “Eso es lo que quiero hacer yo”.

Al cabo de un tiempo, se publicó en el diario local una convocatoria de inscripción para el “Taller de Cine Contemporáneo de Vicente López” en la provincia de Buenos Aires. Quedé seleccionada. Eramos un grupo reducido de 16 alumnos, el profesor y 4 asistentes con los cuales realizamos un cortometraje de video el primer año y un cortometraje en cine 16 mm. el segundo. Se exhibieron en la muestra anual que se realiza  al finalizar el ciclo.

Fue el principio de esta mágica y ardua profesión como fotógrafa,  camarógrafa y editora.

Mi madre nunca estuvo de acuerdo con mi elección. Ella me insistía que siguiera la carrera de Contadora Pública, porque era económicamente más segura, claro. Curiosamente mi padre, un ingeniero conservador, me dijo que hiciera lo que realmente deseara. Corrían los años 90¨ y él me aleccionaba sobre las tendencias mundiales a nivel económico. Sostenía que ya no era como otras épocas  en las cuales se necesitaba un título universitario para salir adelante. Empezaba a abrirse un amplio abanico de carreras terciarias – más cortas y productivas –  y muchos arquitectos y abogados se encontraban manejando taxis.

También me gustaban las motos. Después de muchas maniobras tuve mi Kawasaki KX 125. A raíz del pésimo arreglo de un amigo haciéndole un ajuste de tuercas,  terminé en  un taller adonde de tanto esperar para que arreglaran mi moto, me hice amiga del mecánico. Una tarde,  me dijo que había un fotógrafo interesado en comprar mi moto. Inmediatamente lo llamé por teléfono para concretar la venta  y  quería pagarme una miseria. A los pocos dias el fotógrafo y yo coincidimos por casualidad  en el taller. Aunque dicen que las casualidades no existen.  Ël me subió a su Yamaha XT 600 y fuimos a un torneo de físicoculturimo que él debía fotografiar. La moto no me la compró. Al torneo llegamos tarde. Pero terminé compartiendo habilidades con él durante 20 años en relación de pareja.

Durante 10 años cubrí los campeonatos de Fisicoculturismo para AFSCA con las videofilmaciones. Me fascinaba, ya que desde los 19 años hice entrenamiento con pesas y aprendí mucho al lado de los mejores del país. En aquel entonces se editaba la revista “Cultura Física” de Ernesto Piñeyro y me titulé como instructora de musculación.  Nunca ejercí,  pero el mundo del deporte y la nutrición es algo que me atrae mucho y le dediqué años de investigación.

A mis 26 años, formamos una empresa de video y fotografía profesional con mi pareja. Cuando él me propuso hacer temporadas en la nieve, desde luego dije que si.

 En el año 1996 hice mi primera temporada en la nieve en el “Cerro Bayo” de Villa La Angostura.  No conocía la nieve. Tampoco sabía esquiar.  A modo de test vocacional, y de atrevida nomás, me ponía los esquís, la cámara SVHS al hombro y armaba unos videos espectaculares en las pistas de principiantes que luego editaba en sistema lineal con equipos Panasonic.  Siempre recordaré con gracia y mucho cariño los comentarios de los turistas a quienes filmaba, que exclamaban ¡Que bien esquias! Apenas me sostenía parada. Iba tan preocupada por no destrozar mi cámara , tan tensa… Y de afuera se veía maravilloso. Para los principiantes, claro. Los instructores de esquí me miraban asombrados.  Mi indumentaria era una campera azul  uno o dos talles más grande (de una tienda de artículos de pesca con la cual mi padre había cobrado una deuda con ropa), un enterito celeste de un amigo de mi hermano (un rugbier de 1,85 m de estatura), una botas de esquí usadas  y unos esquís” K2” con fijaciones muy antiguas. Pagué por esos esquís el valor de dos o tres botellas de vino.

Ese fue el inicio de mis temporadas de esquí con la fotografía deportiva y el video. Hice durante  años doble temporada  en Europa y  hasta la actualidad me dedico a la fotografía profesional en la estación de esquí “La Hoya” en Esquel, Patagonia Argentina.  Desde luego que logré un buen nivel de esquí a través de clínicas y mucho entrenamiento. Tomar fotos en la nieve esquiando no es tarea fácil.

Me llevó muchos años equiparme, tanto del material deportivo como de mis equipos fotográficos que en ambos casos, son artículos caros.  Pasé por algunas épocas de desazón, ya que el dinero no me alcanzaba para comprarme nada, y sin embargo gastaba mucho en accesorios indispensables para poder desarrollar mi profesión dentro del mundo de la fotografía.

Definitivamente me vuelco a los deportes, porque es un ámbito que me permite conocer distintas disciplinas deportivas y me transporta desde la cima de la montaña hasta las profundidades del mar.

Ya sea con la fotografía submarina o haciendo fotos en la nieve, considero la fotografía en movimiento un desafío: Hacer el click en el momento justo, con la configuración de la cámara más adecuada para la ocasión.

Sin lugar a dudas, elegí un estilo de vida en el que mi profesión realza mi vocación artística. El esfuerzo vale la pena.

Fotografía subacuática en Lanzarote
Gaby Dusich fotografiada por Natasha Maksymenko

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